Agosto en Madrid: Teletrabajar en el "Búnker", Tropa Asilvestrada y un Socorrista en la Familia
Las 9:00 de la mañana. Mi mujer y yo acabamos de cerrar la puerta de nuestro despacho en casa, cruzando esa mirada que mezcla el alivio y el pánico puro de quien se atrinchera en un búnker. Al otro lado de la madera: seis hijos de vacaciones y un martes que tiene toda la pinta de ser un domingo eterno. Bienvenidos a la logística extrema del teletrabajo en una familia numerosa.
El Despacho como Centro de Mando Alternativo
Teletrabajar los dos en la misma habitación con la casa llena exige una capacidad de improvisación nivel experto. El famoso cuadrante de la puerta de la nevera se nos ha quedado corto para gestionar esto; ahora hemos tenido que instaurar un sistema de post-its en la puerta del despacho: rojo para "estoy en videollamada, no entres salvo que haya fuego", verde para "puedes pasar a negociar un helado". No os voy a engañar, es una locura y a veces nos subimos por las paredes.
Mientras nosotros nos peleamos con el Excel y cruzamos miradas de "te toca silenciar el micrófono que se oyen gritos en el pasillo", el contraste vital ahí fuera es digno de estudio sociológico.
El Pequeño y el Vampiro: Dos Realidades Separadas por un Tabique
Por un lado, el pequeño de 7 años ya ha asomado la cabeza por la puerta dos veces, raqueta de tenis en mano, para preguntar a qué hora exacta termino de "darle al ordenador" para bajar a la pista. Su energía es infinita.
En el otro extremo del pasillo, el de 19 años sigue en fase REM profunda tras exprimir la noche madrileña. Para él, el concepto "madrugar" en agosto es poco menos que un mito urbano. El verdadero milagro del verano no es organizar a seis hijos, es conseguir que unos padres que teletrabajan no miren con envidia asesina a sus adolescentes durmiendo a pierna suelta a las doce del mediodía.
El Héroe del Verano (y de Nuestra Cuenta Corriente)
Pero este año hay una novedad que compensa el ruido de fondo y los asaltos a la despensa. El de 18 años nos ha dado la mayor alegría del verano: está currando de socorrista en una piscina comunitaria.
Verle cruzar el pasillo temprano, con su bañador rojo, el silbato al cuello y oliendo a crema protectora a un kilómetro, nos da la vida. ¡Por fin alguien más de la tribu aporta a la causa! De repente, las cenas giran en torno a los niveles de cloro y a las broncas que echa a los que corren por el bordillo. Los medianos (16, 14 y 11) le escuchan a medio camino entre la admiración y el terror puro, rezando para que no les toque a ellos pringar el año que viene.
El Cierre de Jornada y la Piña Familiar
A las siete de la tarde, cuando por fin cerramos los portátiles, nos damos cuenta de que este caos maravillosamente organizado vale la pena. Nos bajamos todos a hacer piña a las pistas de pádel para quemar la energía que queda y esperamos a que nuestro "vigilante de la playa" particular vuelva de su turno para cenar todos juntos.
Pero contadnos la verdad, familias de Fanumadrid: ¿Cómo lleváis vosotros lo de teletrabajar con la tropa asilvestrada por casa? ¿Tenéis ya a algún mayor currando o seguís financiando el chiringuito estival en solitario? ¡Dejadnos vuestros trucos en los comentarios, que en esta tribu toda ayuda es poca para sobrevivir hasta septiembre!







